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lunes, 21 de febrero de 2011

CRIMEN Y MANIPULACION INFORMATIVA


El 18 de febrero de 2000, Fernando Buesa lanzó su último discurso desde la tribuna del Parlamento Vasco. Tocaba hablar de violencia callejera y lo hizo con su vehemencia habitual. Vivíamos en Euskizofrenia la antepenúltima tregua de ETA: la de Lizarra. Gracias a la astucia del líder del PNV Joseba Egibar, Euskal Herritarrok, el partido del etarra Josu Ternera y Arnaldo Otegi entró por la gatera en el Gobierno Vasco apoyando al lehendakari Juan José Ibarretxe. ¿Objetivo?: gobernar de espaldas a la mitad de los vascos, con apoyo exclusivo de las fuerzas nacionalistas. Dos años antes, en 1998, el PNV decidió disolver el último gobierno autonómico transversal (entre nacionalistas vascos y constitucionalistas vascoespañoles) que ha conocido Euskizofrenia. Varias decenas de aquellos ciudadanos vascos excluidos del Pacto de Lizarra fueron asesinados por ETA en los años siguientes… entre tregua y tregua.


Estas son las premonitorias palabras de Buesa aquel 18 de febrero:
“Hoy, 18 de febrero, se cumple justamente un año desde que tratamos por primera vez este asunto de la violencia callejera en el Parlamento. Entonces, el 18 de febrero de 1.999, los grupos parlamentarios nacionalistas se limitaron a promover una resolución, que sólo ellos respaldaron, en la que se hacía una apuesta a favor de proceso de paz que habría de realizarse en ausencia de todas las expresiones de violencia.
Si aquella era su apuesta, señores nacionalistas, la han perdido claramente. Entonces ETA estaba en tregua y hoy no lo está, ya ha vuelto a asesinar y sigue en el intento de cometer nuevos crímenes terroristas (…).
Estamos hartos de que ustedes se dediquen a darle vueltas al diccionario y a retorcer el sentido de las palabras para ver si encuentran una expresión feliz que sea asumible por EH a la hora de plantear sus resoluciones. ¡Dejen de mirar tanto y con tantos paños calientes a su suspendido socio y vuelquen su atención en las ciudadanas y ciudadanos de este país que sufren los ataques y carecen de seguridad y libertad!”

Sólo cuatro días después de pronunciar estas palabras, Fernando Buesa y su escolta Jorge Díez Elorza, fueron asesinados a unos pocos cientos de metros de la residencia oficial de los lehendakaris vascos. Todas las fuerzas policiales sabían que el siguiente crimen de ETA se iba a cometer en Vitoria. Un mes antes, el 21 de enero de 2000, el teniente coronel Pedro Antonio Blanco fue asesinado en Madrid, convirtiéndose en el primer muerto tras la antepenúltima tregua de ETA. En los últimos 11 años, entre las tres treguas declaradas entre 1998 y 2011, ETA ha asesinado a 58 personas en España y Francia. Sí, 58.

Aquel 22 de febrero de 2000, este redactor era el cronista político en Vitoria de una televisión pública. A eso de las diez y media de la mañana, Juan José Ibarretxe iba a recibir a los padres de Joaquín José Martínez, un español afincado en Estados Unidos que esperaba su ejecución en el corredor de la muerte. Fue detenido en 1996 por un doble crimen. En 2001 se demostró en un segundo juicio que él no lo pudo cometer y fue puesto en libertad. Joaquín José Martínez fue el primer europeo en salir de un corredor de la muerte estadounidense. Poco se imaginaban entonces sus padres que en aquella ciudad de Vitoria había dos personas que sería asesinadas 6 horas después. ETA les había sentenciado a muerte sin juicio y sin posible defensa.
A las afueras de Lehendakaritza, antes de la visita de los padres de Joaquín José, dos ertzainas de paisano revisaban las alcantarillas de las aceras contiguas a esa sede de la Presidencia del Gobierno Vasco. Su vehículo delataba su pertenencia a la Unidad de Desactivación de Explosivos de la Ertzaintza. Era una furgoneta con rejillas de ventilación. Este redactor apuntó el número de su matrícula. Un grano no hace granero, pero 6 horas después ayudaría al compañero.
Minutos antes de las cuatro y media de la tarde de aquel 22 de febrero de 2000, acudí de nuevo a la Lehendakaritza, donde todos los martes se celebraba una rueda de prensa del portavoz del Gobierno Vasco, a la sazón Josu Jon Imaz. Imaz llegó a mandar (poco) en el PNV, donde nunca pudo imponerse a Xavier Arzalluz y su delfín Joseba Egibar. Hoy manda en Petronor. Aquí sí que le obedecen mientras influya en el aumento de beneficios de esa empresa gracias a su experiencia política pasada.
Aquel 22 de febrero, a las puertas de la Lehendakaritza las medidas de seguridad eran las más estrictas que yo había visto jamás en los 15 años que llevaba acudiendo a esas rituales ruedas de prensa de los martes. Un ertzaina que medía unos dos metros de alto nos recibía a cada uno de los periodistas en la garita policial de acceso al edificio. No era uno de los agentes habituales en ese puesto. En el detector de metales pitaba cualquier objeto por pequeño que fuese. Tras superar el control, llamé inmediatamente a mi jefe y le anuncié que allí iba a pasar algo. Compartí también mi temor con mis compañeros del equipo ENG y con tres amigas periodistas de un diario, una radio pública y una agencia de noticias.

Cuando explotó la bomba que mató a Jorge Díez Elorza y Fernando Buesa, Josu Jon Imaz apenas había empezado a hablar. El suelo retumbó bajo nuestros pies. Mientras Imaz explicaba que tal vez había estallado una bombona de gas, yo traté de salir lo antes posible de allí para buscar el humo que nos orientase hacia el lugar del atentado. No llegamos los primeros. Hubo quien corrió más. Nosotros teníamos que cargar con un trípode, una cámara y una bolsa de material. Aquel día cambió la vida de todos los vitorianos. La mía también. A mis pies, quedaban los restos mortales de Fernando Buesa, a quien se tardó mucho tiempo en identificar. Lejos, Jorge Díez Elorza luchaba por sobrevivir con heridas incompatibles con la vida. Nuestra cámara grabó su último estertor… mientras mi compañero reportero gritaba pidiendo que alguien le socorriese porque pensaba que aún estaba vivo.

Horas después, en el Parlamento Vasco, donde se instaló una capilla ardiente, facilité a un político el número de matrícula del vehículo de la Ertzaintza de desactivación de explosivos que buscaba bombas a las puertas de Lehendakaritza. Aquella misma semana, los periódicos informaron con todo lujo de detalles sobre los desvelos de todas las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado por intentar encontrar la bomba antes de que estallase. Guardia Civil, Policía Nacional y Ertzaintza habían peinado la zona sin éxito, a pesar de que el coche bomba tenía una matrícula doblada.

Cuatro días después del doble crimen, una manifestación expresó en Vitoria la repulsa de los ciudadanos. Aquel sábado 26 de febrero, el PNV aprovechó la ocasión para traer a Vitoria en autobuses a sus militantes de Vizcaya y Guipúzcoa para apoyar a su Lehendakari, Juan José Ibarretxe, presidente entonces de la mitad de los vascos. “Lehendakari Aurrera”, gritaban. Ibarretxe había llegado a ser compañero de escaño de Fernando Buesa en el Parlamento Vasco, pero mantenerse en el poder es el primer mandamiento de cualquier político. Ibarretxe y el PNV antepusieron organizar un acto de adhesión en víspera de unas elecciones en vez de mostrar sólo su dolor por el asesinato de un rival político. Desde entonces, el PNV de Álava no ha hecho sino perder influencia, prestigio y poder.

En julio de 2000, me vi obligado a abandonar la crónica política en una televisión pública de España. Alfredo Urdaci dirigía sus informativos. Yo llevaba más de dos años relatando lo que pasaba en el Parlamento Vasco, tratando de explicar en Madrid que no hay buena información parlamentaria sin contraste de opiniones. Que si sacábamos testimonios de Jaime Mayor Oreja por fuerza teníamos que confrontarlo con un nacionalista.
Aquel mes de julio, desde Madrid me pidieron una y otra vez que firmase la crónica siguiente:

“INFORMATIVO DE LAS 15:00 HORAS DE UNA TELEVISIÓN PÚBLICA DE ESPAÑA EL 24 DE JULIO DE 2000

1 DE LOS 4 TITULARES DE PORTADA:

Uno de los etarras que ocupaban el piso franco de Vitoria fue profesor de la ikastola en la que estudian las hijas del Lehendakari.

ENTRADILLA: Lee Alfredo Urdaci:

Es probable también, que una dirección estable en el PSOE permitirá nuevos canales de diálogo sobre la lucha contra el terrorismo. La policía analiza estos días los papeles que encontró el viernes en el piso de Vitoria. Uno de los tres etarras que buscan estos días las Fuerzas de Seguridad del Estado fue profesor en una ikastola de Vitoria.

PIEZA con voz en off que firma J.G.LL.:

Las Fuerzas de Seguridad siguen tras la pista de los tres presuntos ocupantes del piso franco: Luis Mariñelarena, Asier Carrera y Diego Ugarte López Arkaute. Ninguno de ellos tiene causas pendientes en la Audiencia Nacional. Los terroristas fueron abandonando en fechas sucesivas el piso franco, posiblemente a raiz del asesinato del parlamentario socialista Fernando Buesa. Se da la circunstancia de que uno de los huidos, Diego Ugarte, el que habría alquilado el piso, impartió, cursos atrás, clases de inglés en la misma ikastola en la que estudian las hijas del Lehendakari Ibarretxe. Entre los documentos intervenidos el viernes habría información sobre seguimientos realizados al diputado general de Álava, Ramón Rabanera, al alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso y al líder de Unidad Alavesa, Pablo Mosquera. También se ha encontrado información sobre políticos del partido socialista, miembros del Ejército y de las Fuerzas Armadas, datos que se han analizado esta mañana en Vitoria en la más absoluta discreción.”

Urdaci quería meter a las hijas del lehendakari Juan José Ibarretxe en el fregao de las detenciones de los asesinos de Fernando Buesa. Todo valía en el Octenio Negro del gobierno de José María Aznar (1996-2004). La política informativa, al servicio de la manipulación.
No lo hice. Mi nombre no se vio mezclado en aquello. Firmó otra persona, precisamente aquella que negociaba conmigo por teléfono sobre los contenidos de esa información. En aquel mes de julio comuniqué a mi empresa que no volviesen a contar conmigo para ninguna nueva manipulación de Urdaci. Mi jefe de informativos en Euskadi siempre me decía que obedeciese a Madrid salvo que me mandasen tirarme por una ventana. Jamás recibí apoyo por su parte en ninguno de mis pleitos de conciencia. Hoy día aquel hombre nos cuenta lo que ocurre en la Unión Europea. Él recibió su recompensa. Yo también. Me dijeron que jamás volvería a trabajar en crónica política, me dijeron que me encargaría sólo de reportajes y deportes. Mi premio fue acompañar al Alavés hasta la final de la Copa de la UEFA el 16 de Mayo de 2001 en Dortmund y al Baskonia hasta la final de la Euroliga de Baloncesto. He tenido la suerte de poder hacer muchos reportajes y me he convertido en el “Abominable Hombre de las Nieves de Álava”. ¡Y a mucha honra! Si no puedes explicarle al frutero de la esquina lo que haces en tu trabajo, es mejor cambiar de empleo.

1 comentario:

edu dijo...

Hola Jose Manuel
No suelo compartir parte de tus análisis, pero me quito el cráneo ante tu determinación y tu forma de llevar lo más dignamente posible una profesión nada dada, sobre todo ultimamente, a la dignidad.
Salud y saludos