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sábado, 26 de febrero de 2011

LA MANIPULACIÓN INFORMATIVA, DAÑO COLATERAL DEL TERRORISMO


(Texto íntegro de la ponencia leída por el autor en una mesa redonda sobre "Medios de Comunicación y Víctimas del Terrorismo" celebrada en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa de Vitoria el pasado 24 de Febrero de 2011, organizada por www.zaitu.org, Asociación Pro Víctimas de Persecución, Amenazados y Exiliados por Causa de ETA.)
Vaya por delante que nadie puede poner en duda mi lealtad hacia la empresa que me paga todos los meses desde julio de 1985. Tanto la quiero que jamás menciono su nombre en vano. No estoy aquí como representante de sus siglas, unas siglas que no son mías, ni del resto de sus trabajadores. Mi empresa les pertenece a ustedes, a los ciudadanos que, en parte, la pagan con sus impuestos.
Los manuales de la profesión sostienen que los periodistas deben ser neutrales, imparciales y ceñirse a los hechos. Yo lo he intentado cada vez que he firmado mis noticias y mis crónicas. 13 años en la radio pública. Otros 13 años en la televisión pública. Sin embargo, la objetividad es una meta inalcanzable, pero no está mal marcársela como valor fundamental del periodismo, especialmente en un medio público.
Decía que nadie puede poner en duda mi lealtad con mi empresa, pero si a alguien le debo una lealtad superior es a quienes ya no están entre nosotros porque ETA les arrebató la vida.
El ejercicio del periodismo en Euskadi sería apasionante si no fuese por el rastro de dolor que hemos tenido que seguir, asesinato a asesinato.
Con su permiso, voy a poner dos ejemplos:

CASO NÚMERO 1
El 18 de febrero de 2000, Fernando Buesa lanzó su último discurso desde la tribuna del Parlamento Vasco. Vivíamos la antepenúltima tregua de ETA: la de Lizarra. Dos años antes, en 1998, el PNV decidió disolver el último gobierno autonómico transversal que hemos conocido (entre nacionalistas vascos y constitucionalistas vascoespañoles). Decenas de ciudadanos vascos cuyas opciones políticas fueron excluidas de aquel Pacto de Lizarra fueron asesinados por ETA en los años siguientes… entre tregua y tregua.

Estas son las premonitorias palabras de Buesa aquel 18 de febrero:
“Hoy se cumple justamente un año desde que tratamos por primera vez este asunto de la violencia callejera en el Parlamento. Entonces, los grupos parlamentarios nacionalistas se limitaron a promover una resolución, que sólo ellos respaldaron, en la que se hacía una apuesta a favor de proceso de paz que habría de realizarse en ausencia de todas las expresiones de violencia. Si aquella era su apuesta, señores nacionalistas, la han perdido claramente. Entonces ETA estaba en tregua y hoy no lo está, ya ha vuelto a asesinar y sigue en el intento de cometer nuevos crímenes terroristas (…).
Estamos hartos de que ustedes se dediquen a darle vueltas al diccionario y a retorcer el sentido de las palabras para ver si encuentran una expresión feliz que sea asumible por Euskal Herritarrok a la hora de plantear sus resoluciones. ¡Dejen de mirar tanto y con tantos paños calientes a su suspendido socio y vuelquen su atención en las ciudadanas y ciudadanos de este país que sufren los ataques y carecen de seguridad y libertad!”

Sólo cuatro días después de pronunciar estas palabras, Fernando Buesa y su escolta Jorge Díez Elorza, fueron asesinados a 300 metros de la residencia oficial de los lehendakaris vascos. Todas las fuerzas policiales sabían que el siguiente crimen de ETA se iba a cometer en Vitoria. Un mes antes, el 21 de enero de 2000, el teniente coronel Pedro Antonio Blanco había sido asesinado en Madrid, convirtiéndose en el primer muerto tras la antepenúltima tregua de ETA. En los últimos 11 años, entre las tres treguas declaradas entre 1998 y 2011, ETA ha asesinado a 58 personas en España y Francia. Repito: 58.

Aquel 22 de febrero de 2000, este redactor era el cronista político en Vitoria de una televisión pública. A eso de las diez y media de la mañana, Juan José Ibarretxe iba a recibir a los padres de un condenado a muerte en Estados Unidos, Joaquín José Martínez, que se acabó convirtiendo, año y medio después, en el primer europeo en salir de un corredor de la muerte. Aquel día, en Vitoria había dos personas que serían asesinadas 6 horas después. ETA les había sentenciado a muerte sin juicio y sin posible defensa.
A las afueras de Lehendakaritza, antes de la visita de los padres de Joaquín José, dos ertzainas de paisano revisaban las alcantarillas de las aceras contiguas a esa sede de la Presidencia del Gobierno Vasco. Anoté el número de la matrícula de su furgoneta, dotada con rejillas de ventilación propias de vehículos de desactivación de explosivos.
Minutos antes de las cuatro y media de la tarde de aquel 22 de febrero de 2000, acudí de nuevo a la Lehendakaritza, donde todos los martes se celebraba una rueda de prensa del portavoz del Gobierno Vasco, a la sazón Josu Jon Imaz.

Aquella tarde, a las puertas de la Lehendakaritza las medidas de seguridad eran las más estrictas que yo había visto en los 15 años que llevaba acudiendo a esas rituales ruedas de prensa de los martes. Un ertzaina de casi dos metros de altura nos recibía a cada uno de los periodistas en la garita policial de acceso al edificio. No era uno de los agentes habituales en ese puesto. En el detector de metales pitaba cualquier objeto por pequeño que fuese. Tras superar el control, llamé inmediatamente a mi jefe y le anuncié que allí iba a pasar algo. Compartí también mi temor con mis compañeros del equipo ENG y con tres amigas periodistas de un diario, una radio pública y una agencia de noticias.
Cuando explotó la bomba que mató a Jorge Díez Elorza y Fernando Buesa, Josu Jon Imaz apenas había empezado a hablar. El suelo retumbó bajo nuestros pies. Mientras Imaz explicaba que podría tratarse del estallido de una bombona de gas, yo traté de salir lo antes posible de allí para buscar el humo que nos orientase hacia el lugar del atentado.

Horas después, en el Parlamento Vasco, donde se instaló una capilla ardiente, facilité a un político el número de matrícula del vehículo de desactivación de explosivos de la Ertzaintza que había estado buscando bombas a las puertas de Lehendakaritza. Aquella misma semana, los periódicos informaron con todo lujo de detalles sobre los desvelos de todas las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado por intentar encontrar la bomba antes de que estallase. Guardia Civil, Policía Nacional y Ertzaintza habían peinado la zona sin éxito, a pesar de que el coche tenía las matrículas dobladas.
En julio de 2000, me vi obligado a abandonar la crónica política. Alfredo Urdaci dirigía los informativos de la televisión pública en la que trabajo. Yo llevaba más de dos años relatando lo que pasaba en el Parlamento Vasco, tratando de explicar en Madrid que no hay buena información parlamentaria sin contraste de opiniones. Que si sacábamos testimonios de Jaime Mayor Oreja, por fuerza teníamos que confrontarlo con un nacionalista. El día 24 de Julio de 2000, desde Madrid me pidieron una y otra vez que firmase la crónica siguiente:


UNO DE LOS CUATRO TITULARES DE PORTADA decía:

Uno de los etarras que ocupaban el piso franco de Vitoria fue profesor de la ikastola en la que estudian las hijas del Lehendakari.

ENTRADILLA: Leída por Alfredo Urdaci:

Es probable también, que una dirección estable en el PSOE permitirá nuevos canales de diálogo sobre la lucha contra el terrorismo. La policía analiza estos días los papeles que encontró el viernes en el piso de Vitoria. Uno de los tres etarras que buscan estos días las Fuerzas de Seguridad del Estado fue profesor en una ikastola de Vitoria.

INFORMACIÓN con voz en off que firmaba J.G.LL.:

Las Fuerzas de Seguridad siguen tras la pista de los tres presuntos ocupantes del piso franco: Luis Mariñelarena, Asier Carrera y Diego Ugarte López Arkaute. Ninguno de ellos tiene causas pendientes en la Audiencia Nacional. Los terroristas fueron abandonando en fechas sucesivas el piso franco, posiblemente a raíz del asesinato del parlamentario socialista Fernando Buesa. Se da la circunstancia de que uno de los huidos, Diego Ugarte, el que habría alquilado el piso, impartió, cursos atrás, clases de inglés en la misma ikastola en la que estudian las hijas del Lehendakari Ibarretxe. Entre los documentos intervenidos el viernes habría información sobre seguimientos realizados al diputado general de Álava, Ramón Rabanera, al alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso y al líder de Unidad Alavesa, Pablo Mosquera. También se ha encontrado información sobre políticos del partido socialista, miembros del Ejército y de las Fuerzas Armadas, datos que se han analizado esta mañana en Vitoria en la más absoluta discreción.”

Urdaci quería meter a las hijas del lehendakari Ibarretxe en el fregao de las detenciones de los asesinos de Fernando Buesa. Todo valía en aquella época a la que yo suelo llamar El Octenio Negro. La política informativa, al servicio de la manipulación.
No firmé aquella crónica. En aquel mes de julio comuniqué a mi empresa que no volviesen a contar conmigo para ninguna nueva manipulación de Urdaci. Alguien cuyo nombre prefiero olvidar me decía por aquel entonces que obedeciese a Madrid salvo que me mandasen tirarme por una ventana. Jamás recibí apoyo de mis superiores en mis pleitos de conciencia. En Setiembre de 2000, me dijeron que jamás volvería a trabajar en crónica política, me anunciaron que me encargaría sólo de reportajes y deportes. Mi premio fue acompañar al Alavés hasta la final de la Copa de la UEFA de 2001 en Dortmund y al Baskonia hasta la final de la Euroliga de Baloncesto. He tenido la suerte de poder hacer muchos reportajes y me he convertido en el “Abominable Hombre de las Nieves de Álava”. ¡Y a mucha honra! Si no puedes explicarle al frutero de la esquina lo que haces en tu trabajo, es mejor cambiar de empleo.

CASO NÚMERO 2

Hace 16 meses, el 28 de octubre de 2009, la Guardia Civil tenía preparada una operación contra ETA dirigida por el juez Fernando Grande-Marlaska. El objetivo era detener al abogado Joseba Agudo Mancisidor, por considerarle enlace con la banda terrorista. La operación policial se vio gravemente alterada por una filtración periodística.

A las nueve y media de la mañana, la empresa en la que trabajo cortó su programación para informar sobre la detención del abogado en Guipúzcoa. Cuando se hizo público este anuncio, la Guardia Civil ni siquiera se había desplazado hasta el despacho en el que Agudo Mancisidor trabajaba en Oyarzun. Es más, cuando los agentes llegaron hasta su bufete, los medios de comunicación ya tenían copado el lugar.

La detención real de Joseba Agudo se produjo diez horas después de lo anunciado, a las siete y media de la tarde. Y no fue en Guipúzcoa, sino en Hendaya, donde tiene fijada su residencia.
Grande-Marlaska abrió una instrucción paralela a la detención y pidió a la dirección de informativos de mi empresa todo tipo de detalles sobre aquella filtración que puso en peligro la operación policial.

CASO NÚMERO 3

No es la única ocasión en que la audacia de algunos profesionales que dicen que practican periodismo de investigación pone en peligro una operación policial contra el terrorismo. Que se lo pregunten a los gendarmes que en mayo de 2008 detuvieron en Francia al número 1 de ETA, Francisco Javier López Peña, alias Thierry, junto a otras 3 personas. La policía francesa no entendía qué hacían las cámaras de televisión en las proximidades del edificio donde estaba prevista la detención a las once de la noche. Afortunadamente, la operación policial no se frustró. Aquella filtración pudo haber dañado gravemente la necesaria colaboración entre Francia y España en la lucha contra el terrorismo.

Ustedes recordarán que en el pasado, cuando la televisión pública ofrecía imágenes de detenciones u otro tipo de operaciones policiales, en una esquinita de la pantalla aparecía lo que llamamos una mosca con el escudo de la Dirección General de la Policía o de la Guardia Civil. Eso sigue funcionando para la delincuencia común: operaciones anti-droga, trata de blancas, etc… Cuando se trata de lucha contra el terrorismo, no.

¿A quién beneficia convertir la lucha contra el terrorismo en un espectáculo? Todos sabemos que la razón de ser del terrorismo es el uso de la violencia para doblegar la voluntad de quien ejerce el poder con el altavoz de los medios de comunicación. Sin el eco del periodismo, las bombas de ETA no se oirían, pero sin periodismo no hay democracia ni libertad. Por lástima, en Euskadi tenemos la triste experiencia de que la manipulación informativa se convirtió, sobre todo en el pasado, en un daño colateral del terrorismo.
En materia de política informativa de los medios públicos, no sería justo equiparar la vergonzosa manipulación del equipo de Alfredo Urdaci durante el Octenio Negro que va del 96 al 2004 con la situación que vivimos ahora. Hoy día, los informativos de la cadena que me paga me parecen, casi siempre, un intento de buscar el pluralismo.
Tras las reiteradas denuncias de sindicatos como Comisiones Obreras contra la manipulación en época de Urdaci, hace casi tres años nacieron los Consejos de Informativos en mi empresa, que tratan de velar por el rigor de las noticias. Entre sus tareas está la “denuncia de posibles manipulaciones y malas prácticas informativas”. El 71 por ciento de los trabajadores respaldamos también el Estatuto de Información que garantiza nuestra capacidad para ejercer el periodismo desde la autonomía e independencia.

Betoño's Bunker.

(Agradezco a Joseba Markaida y a todas las buenas gentes de Zaitu el honor que me concedieron al permitirme exponer estas ideas en público).

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