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jueves, 12 de abril de 2012

AQUÍ NO DIMITE NI DIOS

¡Dimisión!... Bello concepto cargado de culpa, arrepentimiento y regeneración. ¡Lástima que el noble deporte de dimitir se practique tan poco entre nuestra clase política!
¿Debería dimitir el consejero vasco de Interior, Rodolfo Ares, después de que a la Ertzaintza se le fuese la mano disolviendo una algarada en Bilbao tras un partido de fútbol? Ares cree que no. Iñigo Cabacas era un ciudadano inocente, hincha del Athletic, cuyo cráneo reventó durante los incidentes por el impacto de una pelota de goma lanzada por una escopeta de la policía vasca. El consejero de Interior ha dicho en el Parlamento que “si esa desgracia se solucionara con mi dimisión, dimitiría”. Ares incluso estaría dispuesto a marcharse a casa si la muerte de Iñigo Cabacas hubiese sido causada “por una decisión errónea o por una orden negligente cursada por los máximos responsables de la Ertzaintza”. O sea, que hay que buscar un cabeza de turco entre los mandos inferiores y Santas Pascuas. Rodolfo Ares no se despega de su poltrona ni con agua hirviendo. No es algo excepcional. Los políticos españoles dimiten poco y mal.
¿Cuántos consejeros vascos han dimitido en Euskizofrenia tras la llegada de la democracia? Los dedos en una mano sobran para contarlos y ninguno de ellos lo hizo avergonzado por un escándalo, un fraude, una negligencia evidente o una demostrada mala gestión.
Desde 1980, en Euskadi hemos tenido cuatro Lehendakaris: Garaikoetxea, Ardanza, Ibarretxe y López. Cinco si contamos al primer presidente del Consejo General Vasco Ramón Rubial.
Vicelehendakaris hemos tenido siete, una especie extinguida por Patxi López en la actual legislatura.Lo del número de consejeros complica las cuentas. He decidido simplificar enumerando los nombramientos que ha habido desde el primer Consejo General Vasco, en 1978, hasta hoy. Hay que reconocer que algunos políticos repitieron designación en sucesivas legislaturas.
En definitiva, en 34 años hemos tenido 144 consejeros sumando las nueve legislaturas de los sucesivos Gobiernos de Euskadi y las dos formaciones del Consejo General Vasco que hizo de puente entre la aprobación de la Constitución y el Estatuto de Autonomía.
¿Cuántos de ellos han dimitido? Cuatro, y todos eran socialistas. Sin embargo, ninguno de ellos lo hizo afectado por un escándalo, fraude o mala gestión demostrada.
Enrique Antolín abandonó en 1989 la cartera de Transportes y Obras Públicas para convertirse en Consejero Delegado de Altos Hornos de Vizcaya, encabezando el desembarco del PSOE en la siderurgia vasca.
Otros tres consejeros, José Antonio Maturana (Transportes y Obras Públicas), Rosa Díez (Comercio, Consumo y Turismo) y Francisco Egea (Justicia, Economía, Trabajo y Seguridad Social) dimitieron en 1998 cuando entendieron que el Pacto de Lizarra urdido entre Joseba Egibar y Arnaldo Otegi les convertía en un cero a la izquierda dentro del Gobierno de Ardanza e Ibarretxe.
¿Dimitir? Ese verbo apenas se conjuga en Euskizofrenia, una manía compartida por el resto de Hpania.

3 comentarios:

Titus dijo...

Este lamentable hecho lleva a varios debates: La dimisión o no del consejero, el tipo de material antidisturbios o la eterna violencia en Euskadi.

Puede que la carga policial fuese desproporcionada o simplemente que no estuviese justificada pero cuando algo así sucede siempre conviene contextualizar.

No se puede aislar este hecho de todo lo que ha sucedido en Euskadi en las últimos 30 años. Durante la época de la kale borroka se ha creado un caldo de cultivo de violencia que ha condicionado las actuaciones de toda una generación de policías. ETA, la kale borroka y el resto de las manifestaciones de violencia de la izquierda abertzale han envilecido la situación en Euskadi, son ellos los que han alterado las circunstancias de trabajo de esos escopeteros de la Ertzaintza. Los ertzainas son policías pero también son seres humanos y los que disparaban las pelotas estaban viviendo mentalmente otro episodio de kale borroka. Yo tiendo a no creer en las casualidades y ese pelotazo mortal se ha producido en Euskadi.

El Correo recogía hace unos días el testimonio de una testigo: "En otras partes de Europa, si hay una pelea entre dos personas la Policía no se lía a pelotazos". Pero esto es Euskadi y Euskadi no es un sitio normal. Y mucho le queda de recorrido si tenemos en cuenta que la izquierda abertzale, que ha aplaudido y legitimado cientos de asesinatos, sigue recibiendo el apoyo de tantos miles de vascos.

¿Cómo afrontar el problema? Reconociendo que sigue habiendo un problema de violencia en Euskadi. Falta educación, falta civismo en esta sociedad. Como consecuencia de ello no se respeta a la policía y se la recibe a botellazos. Y habrá una próxima vez en que la policía volverá a ser recibida a botellazos y lanzarán otro tipo de pelotas, y apuntarán más hacia abajo y puede que a alguien le den en otro sitio. Y volverá a haber polémica y se seguirá sin afrontar el problema.

Una cosa más. Ares está a tiempo de quedar como un señor si lleva a término la investigación en un tiempo prudencial, presenta los resultados y luego dimite.

Juan Pan dijo...

Admirable elocuencia la tuya, amigo Titus. Poco queda que añadir a tu análisis. Se nota que tienes una vinculación muy cercana con este mundillo. ¿Me equivoco? Salud y suerte, amigo virtual.

Titus dijo...

Intento trabajar la empatía. También ayuda leer la prensa... De todas formas, ¿quién no tiene una opinión formada sobre el terrorismo y sus variantes en Euskadi? Me quedo con la primera palabra: Admirable.