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lunes, 15 de abril de 2013

BEATRIZ TALEGÓN, A MENOS DE 300 METROS.

Salbidegoitia, Juan Carlos Alonso y Talegón
300 metros. Esa es la distancia a la que quieren los políticos a los ciudadanos. Durante las campañas electorales, pueden acosarte incluso mientras cagas, pero al ocupar la poltrona debemos multiplicarnos por cero y estar calladitos. 300 metros. Más cerca, las cospedalas, los basagoitis y las sorayas se sienten acosados y los votantes nos convertimos en peligrosos terroristas filoetarras.
     Cuando el Tribunal de Justicia de Euskadi ha decidido establecer la medida exacta del cordón de seguridad de un gobernante en 300 metros, yo he tomado mis propias medidas: alejarme de los políticos salvo causa de fuerza mayor. Martínez Pujalte, Javier Madrazo, Juanjo Ibarretxe o Txarli Prieto siempre pueden hacerme perder los estribos. Mejor lejos.
      Mis buenas intenciones se rompieron el 15 de abril. La niña rebelde del PSOE, la secretaria general de la Unión Internacional de las Juventudes Socialistas, Beatriz Talegón, vino a Vitoria a hablar sobre el futuro de la izquierda invitada por los socialistas contrarios a Txarli Prieto, el grano de pus que le ha salido al socialismo alavés. Con sólo 29 años, la abogada Talegón se hizo famosa en febrero con un vibrante discurso en el que les cantó las cuarenta a sus mayores por reunirse a hablar de socialismo en un hotel de 5 estrellas de Cascais. Días después, Talegón pensó que todo el monte era orgasmo y los mismos que le hacen escraches a Soraya la expulsaron en Madrid de una manifestación contra los desahucios. Sin embargo, algo estará haciendo bien cuando la derecha mediática la ha situado frente al paredón de sus plumas más afiladas. Clicar en Google su nombre precede a una cascada de artículos denigratorios. Sirva este ejemplo.
     Beatriz Talegón tiene buenas intenciones. Dice que la renovación socialista no pasa por Rubalcaba ni por Chacón que hay que regenerar la izquierda desde dentro del PSOE. Dice que Zapatero aún le debe un café para que le explique por qué suprimió el impuesto del patrimonio o por qué cambió la constitución con nocturnidad y alevosía para que el PP pueda destrozar el Estado Social. Trabajo no le va a faltar. Ni a ella ni a sus comilitones alaveses. Se la ve harta de escuchar en la calle a los indignados que "PP y PSOE la misma mierda es" o "que no nos representan". Y es que entretanto Rajoy nos sigue expropiando la educación pública, la sanidad gratis y los derechos sociales.
Talegón en Vitoria. En vivo y en vídeo.
      Talegón estuvo en Vitoria el mismo día en que Mariano tuvo un orgasmo en el Vaticano con el Papa Paco mientras Rouco Varela le leía al PP la cartilla del aborto. Talegón estuvo en Vitoria el mismo día en que el presidente de Madrid sacaba pecho mientras un kioskero desahuciado lograba que Cáritas le cediese un piso de alquiler barato. ¿Para qué queremos justicia social si tenemos caridad cristiana? Talegón estuvo en Vitoria el mismo día en que su compañero de partido Rodolfo Ares siguió justificando que todo se hizo bien cuando él era consejero de Interior y un mando de la Ertzaintza ordenó “entrar con todo” en la calle donde Iñigo Cabacas cayó abatido y muerto por un pelotazo de la policía vasca.
      El futuro de la izquierda se llama Beatriz Talegón. Lástima que los Rubalcabas, Chacones y Jaúreguis no le dejarán pillar cacho hasta que se jubilen.
http://www.eldiario.es/autores/antonio_rivera/
     La rebelde con causa del PSOE demostró tener alguna que otra laguna en Historia Contemporánea. Su explicación sobre el origen de la Socialdemocracia fue de traca. Menos mal que siempre nos quedará Antonio Rivera, que hizo de moderador. Seguro que en un par de tardes le pone al día, como intentó hacer Jordi Sevilla con Zapatero en materia de economía...  Lo mejor que escuché en más de dos horas se lo oí al profesor de Historia Contemporánea y exviceconsejero vasco de Cultura, que presentó a Beatriz Talegón. Antonio Rivera dijo que los partidos políticos se han convertido en entidades privadas que se dedican a gestionar las cosas públicas. Y así nos va…

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