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domingo, 18 de agosto de 2013

CUQUILLOS Y QUINQUELES

19 de diciembre de 1974. En La Algaida, algunos no olvidan esa fecha. Ese día llegó la luz a esta colonia gaditana adosada al río Guadalquivir, a Doñana y a Sanlúcar de Barrameda. Que se sepa, Dios no intervino en el milagro, pero la luz se hizo en La Algaida el 19 de diciembre de 1974. Antes de eso, allí se alumbraban con cuquillos y quinqueles, unas lámparas artesanales que iluminaban a base de trapo, aceite y fuego.
     Es domingo y a primera hora de la mañana, los paisanos de La Algaida comparten historias a las puertas de la Cantina y el Estanco. Los dos locales están adosados uno al otro. Allí hay todo lo que un hombre puede desear después de haber atendido su labor en el campo: café, tabaco, comida, licor y una buena conversación. 

      En la pared de la Cantina hay una leyenda en relieve. Desde una raya marcada a la altura del pecho de un peatón hasta el nivel medio de las aguas en el puerto de Bonanza hay 5’11 metros. O había. Los había hace un siglo, cuando se fundó la Colonia de la Algaida y se creó un pueblo donde antes no había más la Cantina que los primeros colonos se establecieron aquí en 1907, pero fue en 1914 cuando llegó la fundación del pueblo con papeles. 99 años llevan disfrutando con todas las de la ley de la fertilidad inagotable de este suelo. En un principio, la tierra se repartió en 200 parcelas. 196 para 196 colonos y 4 para usos comunales. Incluso había un pinar para todos, pero la codicia acabó con sus árboles ya que los de La Algaida preferían cultivar la tierra en vez de recoger piñones o madera. Los pinos acabaron convertidos en viñas y navazos, que así llaman a los terrenos aptos para sembrar hortalizas.
      19 de diciembre de 1974. Bien que recuerdan la fecha de la llegada de la luz. Con menos exactitud se acuerdan de la fecha en que tuvieron agua potable: fue a comienzos de los 70. Hasta entonces, los retretes eran eso: casetas “retiradas” para hacer las necesidades. Y las basuras se enterraban. ¿Transporte público? Sí: caballos, mulas y burros.
      He pasado media hora hablando con los catedráticos de la Cantina de La Algaida. Todo ha empezado pidiendo permiso para sacar unas fotos. Ni un mal gesto. Alguno incluso ha compuesto una pose. Un hombre menudo exhibe con orgullo sus clásicos pantalones de agricultor, con sus rayas verticales y una faja ajustada a la cintura. Antes se vestían así para trabajar. Hoy los luce como la mejor ropa de domingo. El más joven de todos aún no ha dormido. Sigue bebiendo cerveza después de una noche en vela y se mantiene tieso como un roble, con su casi uno
noventa de altura. Al despedirme dice que la próxima tendré que convidarle a algo. Pero antes de irme, un abuelo que exhibe sus juanetes a través de las chanclas nos cuenta un chiste de la época en que las casas se iluminaban con cuquillos y quinqueles. Dice que no se malgastaba el aceite, que había poco y costaba mucho dinero. Era el mismo aceite que se usaba para los guisos. El chiste trata de un buen hombre que iba todas las mañanas con un pedazo de pan a los pies de la virgen para preguntarle si podía mojar o no su chusco en el aceite de la lamparita que había a su vera. ¿Mojo o no mojo?, le decía a la virgen. Como ésta no le decía nada, él mojaba y podía bañar su pan en aceite para desayunar. Enterado el cura de la travesura del feligrés, le pidió a un monaguillo que se ocultase tras los ropajes de la virgen para responder al pícaro. A la mañana siguiente volvió a preguntar. ¿Mojo o no mojo? El chaval respondió con un rotundo no, a lo que el hombre contestó que no le había preguntado a él sino a su madre.

4 comentarios:

Iñaki Davalillo Peña dijo...

... Y mi información confidencial... no merece una triste línea?.

El Hijo de La Dolores.

José Manuel Cámara Sáez dijo...

Dos años después... http://andaluciainformacion.es/sanlucar/521874/entregadas-las-escrituras-de-propiedad-a-32-colonos/

Ivan Raposo dijo...

Dios.. el hombre que exhibe sus juanetes a través de las chanclas, mi difunto abuelo.. en paz descanse. Me ha encantado el artículo, se lo he enseñado a mi madre (su hija) y se ha emocionado bastante. Gracias por elaborar este tipo de articulos rememorando la vida aqui en La Algaida, un saludo.

José Manuel Cámara Sáez dijo...

Hola, Iván. Me imagino lo que habéis echado de menos a vuestro abuelo en estas Navidades. Al menos, está vivo en vuestros recuerdos y en este articulo... Lo que he echado yo de menos es Sanlúcar y mi Colonia de La Algaida. Esta vez no he podido cruzar la península para disfrutar de vuestra gente y vuestra luz. Feliz 2016.