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viernes, 4 de octubre de 2013

ETARRAS SIN ONGI ETORRI DE HERRIRA

Sangre de senadora. (Foto de eldiario.es)
La sangre de Amalur Mendizábal es roja. También lo era la sangre derramada por más de 800 personas asesinadas por ETA. En Hernani, un ertzaina le dio un porrazo en la cabeza a la Excelentísima Senadora de Amaiur, sin saber que ni a los niños ni a las senadoras independentistas se les puede pegar en la cabeza.  
     Miles de personas tomaron el lunes las calles de Euskizofrenia tras la redada de la Guardia Civil contra Herrira, que acabó con 18 detenciones. La mayoría de esos concentrados jamás se manifestó contra los más de 800 asesinatos de ETA.
      Esta tarde, las calles de Bilbao se llenarán con decenas de miles de personas, bajo el lema “TANTAZ TANTA”, gota a gota… ¿Gotas de qué? ¿Quieren decir que puede ser ésta la gota que colme el vaso de la paciencia de ETA? ¿Se refieren a las gotas de sangre de la pobre Excelentísima Senadora?
             LOS HOMENAJES DE HERRIRA
         El entorno de ETA siempre ha sabido arropar a los suyos. Independientemente de la crueldad y el
número de los asesinatos cometidos, las Gestorias Pro-Amnistía, Askatasuna y Herrira siempre han hecho pensar a los terroristas que su causa era noble y que matar españoles no está tan mal. Desde el momento de la detención, un etarra puede elegir entre un abogado “etalibán” o un letrado independiente que sólo busque su pronta puesta en libertad. Esa decisión condicionará su futuro. Ya dentro de la cárcel, los etarras ortodoxos, los que no se arrepentirán jamás, gozarán de la amistad del Colectivo de Presos de ETA (EPPK). Inmediatamente, será “apadrinado” por Herrira (antes las Gestoras Pro-Amnistía o Askatasuna) para que nada le falte dentro de la cárcel, por muy lejos que esté. Si es un buen preso etarra,
Ongi Etorri modelo "3 en 1"
rechaza la reinserción y agota su condena sin acogerse a los beneficios penitenciarios, al salir a la calle le esperan las mieles del “Ongi Etorri”. Al regresar a su pueblo, al gudari no les faltará de nada en la bienvenida que organizaba Herrira: ikurriñas al viento, un acto público con bertsolaris, trikitixas y txalaparta, una cena popular y una hucha para recoger fondos con los que ir preparando el siguiente espectáculo. Pero todos los presos de ETA que salen de la cárcel reciben el mismo homenaje? No.
       ETARRAS SIN ONGI ETORRI.
      ETA y su mundo se avergüenzan de otros terroristas  que decidieron desvincularse de la lucha armada, pidieron perdón por sus crímenes y se comprometieron a pagar a sus víctimas las correspondientes indemnizaciones por responsabilidad civil establecidas por los jueces. Una treintena de presos que rompieron con ETA integran hoy día la llamada VÍA NANCLARES. Ni Valentín Lasarte, ni Joseba Urrusolo Sistiaga, ni Kepa Picabea ni los demás recibirán homenaje alguno en su pueblo. Quienes antes les adoraban ahora les odian por traidores. Nunca se borrará en Euskizofrenia el recuerdo de la exdirigente de ETA María Dolores González Katarain, "Yoyes", asesinada en Ordizia en 1986.
         EL FUNCIONARIO DE GERNIKA
       La vida del terrorista arrepentido no es fácil. Quien más, quien menos, los vascos de cierta edad
José María Arrizabalaga.
conocemos en nuestro entorno a algún etarra reinsertado. No señalaré a ninguno de mis paisanos de Vitoria. Me centraré en el caso de Carlos Gorrindo Etxeandia. Hace más de 30 años, asesinó a varias personas. Entre sus víctimas, el jefe de los carlistas de Vizcaya y bibliotecario de Ondárroa, José María Arrizabalaga. Le condenaron a 58 años de cárcel. Eligió la vía de la reinserción y en 1996 le concedieron el tercer grado penitenciario. Después de pasar 16 años en prisión, salió a la calle en silencio, sin homenajes… Carlos Gorrindo Etxeandia tiene 55 años, trabaja en el Servicio de Euskera del Ayuntamiento de Gernika-Lumo. En su biografía, Euskomedia se olvida de su sangriento pasado y destaca que estudió periodismo y ha publicado al menos dos novelas y literatura infantil y juvenil. No sabemos si en las estanterías de la biblioteca de Ondarroa habrá algún libro de Carlos Gorrindo Etxeandia, pero estamos seguros que no habrá ninguna placa en recuerdo del bibliotecario José María Arrizabalaga, en cuyo asesinato participó Gorrindo en 1978.