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domingo, 1 de noviembre de 2015

EL DERECHO A DECIDIR: LA GRAN MENTIRA

    Sí, ETA asesinaba. Y era horrible. En nombre de Derechos Civiles y Políticos como la Autodeterminación no se debe acabar nunca con la vida de nadie. El Derecho a la Vida está por encima del derecho a decidir de los pueblos mientras no se ponga en peligro la supervivencia de sus individuos o sus señas de identidad. ¿Ocurría esto en el País Vasco tras la aprobación de la Constitución Española y el Estatuto de Gernika? Vayamos paso a paso…

     Euskadi es la autonomía más próspera de España gracias a unos fueros ancestrales que nos permiten a los vascos gestionar casi todos los impuestos que pagamos. España no es un país que respete la igualdad entre sus 17 comunidades autónomas. Si naces en Extremadura o Murcia, serás siempre un ciudadano de tercera comparado con vascos y navarros, que conservamos nuestras lege zaharrak, nuestras leyes viejas. En el vagón de la segunda división están los catalanes y gallegos, a los que también se permitió en la Constitución de 1978 gozar de un estatuto “casi de primera”, gracias a su condición de “nacionalidad histórica”. En España, la historia parece ser patrimonio de unos pocos. Los demás, que sigan soñando con una República Federal que escriba una Carta de Derechos Fiscales, Económicos y de Redistribución de la Riqueza Común. ¡Utópicos Republicanos: sigamos soñando…! 

     Euskadi ha conseguido rescatar del olvido y la minoración el hermoso idioma que hablan mis hijos. Desde la llegada de la democracia, se ha discriminado positivamente el euskera para llegar a una situación de equiparación de hecho con nuestra otra lengua oficial, el castellano. Tenemos dos idiomas españoles que conviven en nuestras calles como jamás lo habían soñado los impulsores del Euskera Batua, el vascuence que unificó todos los dialectos hablados en Euskal Herria y que permitió comunicarse y crear literatura en un idioma común. Gracias al incremento del uso de nuestra lengua en las escuelas, en la Administración y en la calle, hemos podido salvar de aquel olvido y minoración nuestra principal seña de identidad como pueblo.

                               Por el Derecho a Decidir de todos.

        Me he pasado toda mi vida recordando a los nacionalistas vascos y a los patriotas españoles que
el Derecho a la Vida se consagró en la Carta de Derechos Humanos de la ONU en 1948 y el Derecho de Autodeterminación se mencionó en 1966 en la Carta de Derechos Civiles y Políticos, 18 años después. Tampoco está mal repetir que cuando se hablaba de autodeterminación en los años 60 se referían al derecho a emanciparse de sus respectivas metrópolis de los pueblos colonizados por los distintos imperios que ha habido en el mundo. Y decir que España colonizó el País Vasco es absurdo. Si acaso, fueron vascones, autrigones, caristios o bárdulos quienes hicieron frecuentes incursiones expansionistas en el centro y el sur de la Península Ibérica desde tiempo inmemorial. Mucho más tras la Reconquista, cuando los hidalgos de sangre “no contaminada” por el moro o el judío extendieron sus dominios por aquel vasto territorio abandonado por los musulmanes andalusíes. Sólo hace falta consultar los libros de Historia para saber cuántos Vascos (los más españoles de todos los españoles) emprendían la Conquista de América para ensanchar las fronteras del Imperio aquel en el que la grandilocuencia patriotera decía quue nunca se ponía el sol.


Hay que recordar que quienes habitaban en las antiguas Vascongadas disfrutaban de una condición especial merced a las viejas leyes que les otorgaban privilegios. En el Valle de Mena, el municipio del que soy oriundo, en el norte de Burgos colindante con Bizkaia, el escudo de armas tiene la siguiente leyenda: “Para estar, ser hidalgo necesitar”. Los vascos, por esa misma condición, estaban eximidos de rendir vasallaje a los reyes españoles. Eran hombres libres merced a sus fueros y disfrutaban de libertad de movimientos por la Península Ibérica si tenían la mala suerte de no heredar el caserío paterno cuando el Aita moría. España se llenó de segundones que se comieron el mundo a bocados.


Hace años que sostengo que hay que darle la vuelta al Derecho a Decidir y al Referéndum de Autodeterminación que tanto han reivindicado los nacionalistas con 8 apellidos vascos y las nuevas generaciones mestizas de los abertzales. Siempre he sostenido que habría que reescribir la Constitución para que haya Justicia Redistributiva de la Riqueza entre los pueblos que conforman ese puzzle llamado España. Esa Constitución Española de 1978 y el Estatuto de Gernika de 1979 se pactaron y aprobaron mientras ETA ensangrentaba las calles del país. 148 personas fueron asesinadas por los terroristas en aquellos dos años. El referéndum constitucional del 6 de Diciembre de 1978 y el referéndum estatutario del 25 de Octubre de 1979 se votaron bajo la presión del miedo y la amenaza de las bombas y tiroteos de ETA. Sin aquellos asesinatos, la autonomía vasca habría gozado de muchas menos competencias. El terror cumplió su función: menear el árbol para que los políticos nacionalistas recogiesen las nueces. Por ello, reivindico el Derecho a Decidir de todos los españoles, ya sean vascos, murcianos o riojanos. Que se vote en paz y libertad si queremos seguir viviendo en un país que perpetuó hace 35 años la desigualdad de los Pueblos de España por culpa de la amenaza de la violencia y  en virtud de unos privilegios feudales llamados Fueros. 


(Este artículo fue incluido en 2014 en un libro titulado "La Huella de una Lucha Justa", a petición de ZAITU, Asociación de Víctimas del Terrorismo) 

3 comentarios:

Titus dijo...

Curioso lo del "derecho a decidir". Hasta hace bien poco en Euskadi se hablaba de derecho de autodeterminación pero no colaba, efectivamente, porque Euskadi no podía acogerse a él. Y entonces el nacionalismo vasco lo sustituyó por un gran invento, que ha germinado incluso en Cataluña, el "derecho a decidir", la gran creación del nacionalismo. ¿Y qué es el derecho a decidir? Nadie lo sabe con certeza, tiene mil definiciones pero un objetivo: atrapar en la nube tóxica nacionalista la mayor cantidad posible de incautos, incautos que se convertirán en creyentes del "derecho a decidir", que cual infectados propagarán la creencia. ¿Y a decidir qué? Porque puede decidir tanto la separación como la unión ¿Y por qué del pueblo vasco y no del pueblo alavés? Ambas son entidades históricas y jurídicas. ¿Cuál es el criterio? ¿Y cómo se entra a pertenecer al pueblo vasco? Antes era por nacimiento, ahora la sociedad ha evolucionado y ya no se habla de racismo. Entonces si ha cambiado el criterio de pertenencia ¿por qué se sigue llamando de la misma manera? Si yo voy a vivir a Barcelona y me empadrono allí paso de ser pueblo vasco a pueblo catalán, con los mismos derechos que un catalán de doscientos apellidos catalanes. Francamente, lo de pueblo vasco y pueblo catalán me huele a decimonónico y siglos anteriores. Es un concepto superado por el de ciudadanía.

José Manuel Cámara Sáez dijo...

Gracias por tus ideas, Titus. Estoy básicamente de acuerdo. Sin embargo, no es casual que el "Derecho a Decidir" que ha suplantado al "Derecho de Autodeterminación" (generado para procesos de descolonización que nada tienen que ver con la relación España-Euskadi) se haya afincado entre nosotros para no marcharse justo cuando ha entrado en crisis nuestro modelo político tradicional sustentado en el bipartidismo y en una Constitución cada vez más contestada. La indignación ciudadana ha hecho que a muchos votantes les importe una higa la Unidad de España si España es una idea basada en el mantenimiento de privilegios de los poderes económicos, de la casta política y de unos territorios por encima de otros. No estaría mal que todos los españoles pudiesen tener el derecho a decidir sobre su futuro en común partiendo de principios-clave como la igualdad, la prevalencia del poder de la ciudadanía sobre el poder de los territorios... Por pedir que no quede... Aunque al final son las grandes corporaciones financieras y los poderes económicos quienes detentan el último DERECHO A DECIDIR.

Titus dijo...

Esa crisis del modelo político tradicional y la instalación masiva en el lenguaje cotidiano de la semántica nacionalista habría que inscribirlas en otra crisis mayor, que es la económica. Cuando se habla de que hay crisis de valores lo que se evidencia es que la crisis económica ha destapado nuestras vergüenzas como sociedad, porque si fuéramos una sociedad armada moralmente y con unos valores sólidos nos afectarían poco los cantos de sirena nacionalistas y, menos que ahora, las presiones de los lobbies económicos. Porque, efectivamente, los privilegios territoriales o el enchufismo patológico de la casta política se parecen en que son elementos potencian la permanencia en el poder de los de siempre, nacionalismo vasco o PPSOE. Hay que trabajar para que la gente piense en términos de ciudadanía y no en términos de nación. Y la sociedad será más justa, más igual y más libre.