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viernes, 3 de junio de 2016

A VECES LLEGA SILBANDO SE PRESENTA EN LA GALERÍA BLANCA SOTO DE MADRID.

      Sensaciones inolvidables se han adherido a mis neuronas del recuerdo. Ayer por la tarde, mi libro de relatos "A veces llega silbando" se presentó en la Galería Blanca Soto de la calle Almadén 13 de Madrid. Mi amigo Eduardo Mendicutti y la actriz Teresa del Olmo se sumaron a un evento en el que se presentaban también las últimas novelas de Pilar Lloves, Belén Fernández y Txema Sandoval. Esto es lo que les conté a los asistentes: 
      DE RAÍCES Y PIERNAS
      Fernando Arrabal dice, a menudo: “No tengo raíces, tengo piernas”. En Euskizofrenia, de donde vengo, suelo usar mucho esa cita. Aquí, en Madrid, puedo decir que miento. Echo raíces en cada lugar donde duermo una sola noche. Estoy apegado a muchas tierras: este Madrid en el que viví mis primeros 12 años de vida hasta que me arrancaron de un pisito con balcón al Arco de Cuchilleros… El burgalés Valle de Mena de mis abuelos, adonde me arrastraron para sobrevivir seis duros inviernos… La Vizcaya en la que estudié 11 años… La Vitoria en la que llevo viviendo desde 1985… La Cuba en la que nació mi padre y en la que apenas he vivido, dormido y soñado un mes… El Sanlúcar de Barrameda donde espero retirarme algún día a escribir y soñar, que bien sabéis que es lo mismo…
     En 2012 me presentaron en Bajo de Guía a Eduardo Mendicutti. Gracias a él he pasado a la Historia de la Literatura. Y no por haberme ayudado a publicar este libro sino porque me convirtió en personaje secundario de su penúltima novela. Soy “Tomás el Aborigen”, que aparece en la página 274 de “Otra vida para vivirla contigo” (Editorial Tusquets).
     Mendicutti me ha permitido seguir en los últimos cuatro años el proceso creativo de un gran novelista. En nuestros desayunos en Casa Juanito de la Plaza de San Roque de Sanlúcar y en algún cafelito que nos tomamos en Madrid me impartió un Master Personalizado de Narrativa Contemporánea.
       ARTE ACTIVO, QUINCEAÑERA     
      Mi otro valedor es Roberto Lastre, un cubano de Camagüey al que conocí en Vitoria en 2003 en un Congreso de Escritores en el Exilio. Me cautivó con un cuarto de hora de discurso y una frase: “los cubanos tenemos el cerebro como los batracios, dividido en tres partes: una para lo que hacemos, otra para lo que decimos y la tercera para lo que pensamos”. En 1898, España perdió Cuba. Un siglo después, en 1998, Cuba perdió a Roberto Lastre, cuando Fidel Castro le abrió un expediente secreto que le podía haber llevado injustamente a la cárcel. Roberto abandonó La Habana y dejó de ser fiscal en Cuba para realizar su sueño: convertirse en editor y publicar los libros de otros y sus propias novelas. A punto estuvo de dar la campanada cuando fue finalista del Premio Fernando Lara de la Editorial Planeta con “El Tiempo de la Vida”, una novela que escribió en Euskadi en 45 días alimentándose de sándwiches y cervezas.

     Roberto fundó Arte Activo Ediciones en 2001. En 15 años, ha publicado 90 libros, pero seguro que con ninguno ha perdido tanto tiempo como con el mío. Tras 8 años de brega y dudas, encontramos 49 relatos de los 300 que tengo escritos, en los que por fin me reconozco. A Roberto le debo el hallazgo del título: “A veces llega silbando”, un cuento que jamás pensé que publicaría y que precisamente habla de este Madrid de mi infancia.  

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