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sábado, 29 de octubre de 2016

¿MINISTRO DEL RACISMO? JAVIER MAROTO, PROTAGONISTA DE UN ARTÍCULO QUE NADIE PUDO LEER

      Entre lágrimas de sus compis, Javier Maroto ha dejado el Ayuntamiento de Vitoria
para seguir haciendo carrera política en Madrid. Ganó las elecciones en 2015, pero no fue reelegido como alcalde por sus comentarios racistas contra los inmigrantes magrebíes o los refugiados sirios. Maroto sembró odio durante 4 años acusando una y otra vez a marroquíes y argelinos del fraude en el cobro de la Renta de Garantía de Ingresos. 
    Hace poco, una amiga fue testigo de una pelea que provocó una cuadrilla de vitorianos y vitorianas biempensantes contra una familia marroquí que bajó a la calle en defensa de una mujer que llevaba un velo islámico que le cubría el cabello, las orejas y el cuello. La policía llegó a tiempo de evitar que llegase la sangre al río y comprobó que los provocadores estaban bebidos. 
       En la conciencia de muchos ciudadanos que votan PP ya está instalado el virus de la xenofobia. Si Mariano Rajoy crea un MINISTERIO DEL RACISMO en su nuevo gobierno, no se me ocurre mejor candidato para abrazar esa cartera que Javier Maroto. 
EL ARTÍCULO DE OPINIÓN QUE NADIE PUDO LEER EN "EL CORREO"
     Han pasado 13 meses del bodorrio más sonado que jamás se ha celebrado en
Vitoria. Euskizofrenia no desaprovechó la ocasión de hacer unas risas con motivo del desembarco de la cúpula del PP en la capital alavesa para asistir al casamiento de Maroto. Un millar de personas visitaron este blog aquel día. Sin embargo, los lectores de "EL CORREO" no pudieron disfrutar del divertido artículo de opinión escrito por el decano de los periodistas de Vitoria: Alberto Suárez Alba. Euskizofrenia les ofrece la oportunidad de leerlo aquí. Llevo un año echando de menos esa columna que se titulaba "EL MACHETE". ¿Fue un machetazo de la censura lo que impidió la publicación de este artículo? Juzguen ustedes mismos...
SI BUSCABA INTIMIDAD, ESTE NOVIO ES UN ARTISTA
Por Alberto Suárez Alba
     Porque Javi (como le fueron llamando con cariño todos los hagiógrafos de la noche de bodas) Maroto Aranzábal, tras diecinueve añitos de no menos íntima (supongo) relación con su Josema Rodríguez, circunstancia temporal que también calculo que a ambos les alejaba de ciertos incómodos picores de naturaleza sicalíptica, habría podido contraer matrimonio con una cierta mayor, y mejor, discreción.
   Porque se refirió “con disgusto” al desmadre producido por “la tremenda dimensión
mediática que está generando este asunto”, aludiendo de corrido a las seguras “polémicas con los otros partidos por el coste de la seguridad”, pero de inmediato se autodeclaró objeto de deseo ante  centenares de medios informativos, con y por su habitual actitud  marketiniana y exhibicionista.
   Porque habría podido contraer matrimonio homosexual en Durango, donde su chico viene cobrando como interventor municipal –algo he llegado a saber sobre cómo marchan el uso y la costumbre de los heteros, quienes apuntan hacia el lugar de alumbramiento de la novia, pero juro  que me pierdo en estas zambras de un novio y un novio más--,  pero prefirió hacerlo en el corazón del huracán, porque le hacía una terrible ilusión. Y porque aquí funcionaba mejor, clarísimo, el Maroto/todo/por/la/foto.
   Porque dijo lamentar que “todo el mundo menos yo haya podido celebrar compromisos similares con normalidad”, pero disimuló que él es ya la jerarquía número 4 en el Partido Popular y la tercera en el ranking nacional de homosexuales con mayor influencia, lo primero por regalo prenupcial del mismísimo Rajoy tras el fracaso en la renovación de esta Alcaldía y porque calcularon que podría sumarles votos un gay con pinta hipster.
   Porque sí que contrajo un aún polémico matrimonio homosexual  en su pobre despacho de opositor, pero, como le supo a poco al no existir fotos públicas, pronto lo transformó en una reboda allá por el comedero de Manolo Gómez y ante tres centenares de invitados. Ante la cúpula: Rajoy con su Viri, Soraya, Cospe, Arenas y Floriano, el efímero ministro AAA, la siempre estudiable Quiroga, el siempre sobrado Moragas, los monísimos emergentes Casado y Levy, y tras ellos la cola del escalafón de los que más cobran de la política española. Que más cobran, desde sus hamacas, de nuestro esfuerzo.
   Porque hizo un sonrojante teatro quejándose de que “el tema se ha ido de madre, y yo no quiero una boda a lo Lolita Flores”, pero enseguida la convirtió en una a lo Preysler, con toda la Prensa rosa y el modista Caprile vestidito de palo: la celebración más pija,
más borde, de menor  clase y más hortera que recuerdan estos nuestros tiempos, con la glorificación del festival eurovisivo –proclamo que no conozco a nadie más que a esta parejita de Javi y Josema que sean fans del “La, la, la…” de mi amiga Massiel--, las barbas de la presunta Conchita Wurst, las mesas para el festival de la croqueta bautizadas a lo Camela y Celine Dion y la cursilería de lanzar bobadas tipo “¡Creemos en el amor!”.
   Porque acabó agenciando pelucas, gorros y gafitas, todo ello muy al estilo  del Día del Orgullo Gay y de los parientes Vázquez de la tele, a disposición de los invitados, los cuales, y con el presi del Gobierno central a la cabeza, con su hembra agarrada para esquivar la horizontalidad, acabaron destrozando la conga afrocubana en las horas solemnes en las que los no invitados, pensemos que rencorosos por no haber podido vivir en directo un espectáculo así de deplorable, tan de nuevos forrados del quiero y no puedo, andábamos por la fase Rem. A las 5 de la madrugada, juran, pero seguro que a las 6.
   Porque se escaparon de despedida de solteros, tras cuatro lustros a medio casar, a
Bali, y no a Corea del Norte porque don Kim Jong-un les habría seccionado ambos pitos, en lugar de irse al sanísimo desierto de Nevada y acabar disfrutando del “Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”, que es desde donde nunca trasciende, lo juran. Despreciando que por allí sí que funciona la campaña basada en “insistir en la importancia de preservar en la intimidad esos ratos de locura y desmadre que se viven cuando alguien se va de fiesta…”. Porque no sólo se trata de exigir el derecho a la intimidad con la boquita chiquita.
   Porque, cuando salió a declarar que “el derecho al matrimonio es para todos, y mi partido lo apoya”, le colocó a su Rajoy en un brete, y encima puso en boca de don Mariano, del mismísimo que terminó tan tarumba que resbaló al par de días con Alsina sobre las nacionalidades española, catalana y europea porque ya no sabía ni por dónde se columpiaba, aquello tan bonito de que le había parecido “un acto de matrimonio precioso”.
   Porque hizo reventar aquel otro “El matrimonio siempre ha sido una institución entre un hombre y una mujer” de un no diferente Rajoy, sólo que en el 2005, y rechinar aquella presencia en carne mortal del mandamás del PP y hoy del Gobierno, junto al inquietante Rouco, en la manifa “por el derecho a una madre y un padre”. Tampoco otro jefe aguantó durante ocho años su recurso contra el matrimonio gay en el Constitucional. Recordarlo, ¿es de mala leche?
   Porque no se conformó con tantos obsequios, sino que soltó un  entusiasta mitin exaltador de homos intrépidos como el socialista Zerolo, quien también se casó y me parece recordar que ante el imposible  presidente ZP…, discurso provocador de ampollas en la pepera Génova.
   Porque, en definitiva, todo parece que ha sido montado, ante las generales de diciembre, para embolsarse votos gays –nunca nada es casual--, aunque se les escaparán muchísimos más de sus ya exvotantes ultraconservadores.

   Si ansiaba el novio Javi intimidad y discreción, la verdad es que ha vuelto a demostrarnos que es una mina. Un espectacular artista.
FIN DE LA CITA... Hasta aquí el artículo de mi entrañable amigo y decano de los periodistas de Vitoria, Alberto Suárez Alba. No dejes de escribir, maestro... 

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